Video documental sobre los ataques e incendios a las organizaciones sociales indígenas y de derechos humanos en Santa Cruz ( CEJIS -CIDOB - CPESC). clic aquí
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10-09-2008 - Polaroid del 9 de septiembre del 2008 - Notas de Prensa
Foto: Atentado a la oficina del Cejis de Santa Cruz en Septiembre del 2008
Polaroid del 9 de septiembre
Leonardo Tamburini
Ese martes el trabajo en las oficinas del CEJIS es como desde hace ya un tiempo: con un ojo en la puerta y otro en la tele, preguntándonos ¿cuándo nos toca? El teléfono suena a cada rato con informaciones preocupantes. Desde la semana anterior la estrategia de fuerza adoptada por Marinkovic y el Prefecto Costas que ejecuta la Unión Juvenil Cruceñista y los centenares de chicos contratados para hacer de vándalos, está en pleno desarrollo. Santa Cruz es una zona liberada donde las acciones preparadas desde hace tiempo, se implementan con regularidad pasmosa, aunque faltan algunas cosas: no hay apropiación política del desborde, los líderes callan y el grueso de la población rechaza el vandalismo con su indiferencia. La tele miente más de lo acostumbrado y justifica cualquier cosa ¿se puede mentir tanto? Si se puede, lo estamos viendo en directo. Después de una intensa batalla y frente a la debilidad elocuente de las fuerzas del orden, por enésima vez humilladas, cae la oficina de Impuestos Nacionales, que es el punto de quiebre para las demás: ENTEL, Aduana, YPFB, perdemos la cuenta.
Cuando el Land Cruiser marrón arremete contra las puertas del INRA, comprendemos que estamos más cerca de lo que pensábamos. Hacia las 15 llega la llamada esperada: van para allá. Uno en esos momentos no sabe qué hacer primero: denunciar, pedir ayuda o escapar. Y los del CEJIS comenzamos a hacer lo que aprendimos desde hace tiempo, como otras ONG que trabajamos en el Oriente boliviano: levantamos lo más importante y lo más a mano. En medio del ajetreo, la tele transmite el conflicto como un partido de fútbol. Las llamadas llegan de puntos cada vez más cercanos a la oficina, el asalto es inminente. Nuestros cuatro policías de resguardo confían en que todavía no es nuestro turno; cambiaron de opinión minutos más tarde, cuando estrenaron nuestra salida de emergencia.
La calle por la que en otros tiempos transitara alegre uno de los tantos afluentes del Piraí en época de lluvia, se llena de vehículos con vidrios oscuros y camionetas cargadas de muchachos armados de palos, hondas y piedras; es la polaroid del centro que se traslada a la Alfredo Jordán, a una cuadra de la casa de la agrupación política del Prefecto.
Bajan de los vehículos y no se mueven como principiantes: los de barbijo blanco, para que no los reconozcan, mandan a montar un cerco en las dos esquinas y cierran el paso a los transeúntes. Se escuchan petardos, piedras, disparos y gritos: empezó la fiesta, de ellos. Estamos a pocos metros impotentes imaginando la barbarie sin poder hacer nada. Julito nos trae noticias: tumbaron la reja-están incendiando las oficinas-se están robando los equipos-están vaciando la biblioteca! Las llamadas de solidaridad se generan inmediatamente pero ellos siguen ahí, son una fuerza que actúa con método que se cumple hasta acabar la faena, para eso les pagaron ¿no?
Al final del día las oficinas del CEJIS están destrozadas. Desde hace 30 años la institución es escuela de profesionales comprometidos con los sectores marginados de la sociedad regional y nacional, es el baluarte de las organizaciones sociales para hacerle frente a los poderes regionales en su principal demanda: tierra y autonomía. Es forjador de hombres y mujeres arrojados que no trabajan en el CEJIS, militan sus objetivos y la causa de los pobres. Es el redactor normas que se extienden por toda la pirámide de Kelsen: desde normas técnicas hasta títulos completos de la NCPE. Cuando uno busca los motivos del porqué del ataque, piensa en tres cosas: venganza frente a los más de 5 millones de hectáreas arrancadas en proceso legal a los latifundistas y consolidadas por los pueblos indígenas y los campesinos sin tierra del Oriente; represalia por el ascenso de los movimientos sociales, protagonistas de los cambios que suceden hoy en el país y una especie de advertencia sobre la vigencia próxima de la Nueva Constitución, máximo anhelo de las personas y los colectivos que piensan en una Bolivia diferente.
Los autores materiales e intelectuales de estos hechos, impunes todavía, deben responder por sus actos frente a las autoridades y la sociedad toda, pese a la letanía de la Justicia. La polaroid del 9/9 nos impone trabajar por una sociedad distinta, sin rencores pero con memoria.